Nota

Astrobjeto: la cometa o el abanico como modelo planetario

por Ricardo Andrade
Magíster en Literatura / Estudiante de astrología
Universidad de Chile / Centro Astrológico de Chile

La disciplina astrológica nace desde la observación no solo del cielo con sus astros, sino que también de la propia tierra: punto de inicio de toda interpretación astral. La técnica de la carta natal es la culminación del cosmos en un espacio finito, lleno de trazados, líneas, objetos y aspectos que dan cuenta de la imaginación y sabiduría del ser humano. El estudio de la carta natal o astral posee estructuralmente una complicación sustancial: “bajar” el universo conocido a un papel. Aquello que puede ser considerado una problemática imposible de solucionar es remediado —semióticamente— mediante dos requisitos fundamentales: 1) el sistema de análisis es geocéntrico, es decir, nosotros, los terrestres, somos quienes estamos al centro de la carta astral[1], orbitando el sol alrededor de la Tierra, y 2) la carta está repleta de símbolos que deben ser descifrados mediante la interpretación. Para esto último se pueden utilizar,  si se quiere, diversos mecanismos de análisis: mítico, físico, de aspectos, de casas, entre muchos otros, sobre una variedad de diferentes tipos de cartas astrales: carta natal propiamente dicha, de tránsitos, progresiones, sinastrías, revoluciones solares, lunares, cartas compuestas, etcétera.

La introducción del cosmos en el límite de la carta natal refleja una imagen bastante particular, atestada de símbolos, líneas, colores y números que obedecen a patrones enraizados en la fecha, hora y lugar de nacimiento de la persona. Dicha cosificación de lo casi infinito, del universo conocido, en un mapa —cuya navegación está abierta a innumerables caminos— puede significarse estéticamente, para lo que es necesario vincular la interpretación con la representación que se puede extraer de la mezcla de figuras en la carta astral[2]. La visualización de algún objeto en el estudio de la carta rescataría la subjetividad y la imaginería en sus lectores, involucrando conocimientos externos a la astrología misma, volviéndola una disciplina más cercana para todos. De esta consideración nacen los modelos planetarios, divididos en dos tipos: los bipolares, basados en la oposición, y los del grupo trípode, cuya distinción es el trígono.

Dentro de ambos modelos planetarios, profundizados por los astrólogos Robert Jansky y Marc Edmund Jones, se rescatan diversos objetos que son posibles de identificar mediante la posición planetaria y los aspectos que se conectan entre ellos. Por ejemplo, en el tipo bipolar se destaca la taza, el balde, el abanico (también llamada cometa) y el reloj de arena; mientras que en el grupo trípode se encuentran la locomotora, el trípode, la cuña y el salpicado. Si bien el análisis realizado por un astrólogo podría obviar al objeto, las conexiones con la interpretación y la figura son muchas veces bastante evidentes. Cabe destacar también que los grados en la formación de la figura pueden no ser exactos, por lo que la subjetividad y la perspicacia del intérprete son fundamentales.

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Tabla de configuraciones planetarias. Imagen de Michael Erlewine.

El abanico o cometa presenta en su estructura base un gran trino, esto quiere decir, tres planetas unidos a 120°, formando un gran triángulo. Esto se interpreta como una cierta ventaja sobre el elemento que rige ese trino (aire, agua, fuego o tierra). Un trino de agua, por ejemplo, le otorga a la persona una capacidad de navegar por sus emociones de manera genuina y sin miedos o temores; uno de aire, una capacidad mental y de raciocinio muy potente, etc[3]. Además de este beneficio, el trino es acompañado por una oposición (a 180°) que comienza desde el vértice de uno de los tres puntos de intersección de los trinos. El punto nuevo que se genera gracias a la oposición es llamado “punto focal”; ese punto se une a los otros dos vértices restantes que conforman el gran trino, generando dos sextiles (60°), quedando una figura más o menos así:

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En la figura, el gran trino está en verde, uniendo a los planetas de Venus, Neptuno y la Luna (en astrología se considera a la Luna una luminaria, funcionando como un planeta más dentro de la carta astral). La línea roja que une a Venus, en lo alto, con Plutón es la oposición; mientras que los aspectos celestes son los sextiles que conectarían a Plutón (punto focal), en la base, con la Luna y Neptuno. También se observa, en la figura, otro cuasi-cometa, pero al no ser mayormente exacto en orbes, no lo consideraré para el análisis.

Si le agregamos el elemento tierra al gran trino, con el fin de comprobar la unicidad elemental, Venus, por ejemplo, ubicada en Capricornio, la Luna estaría en Tauro y Neptuno en Virgo; lo mismo pasaría intercambiando el orden (Tauro – Virgo – Capricornio; Virgo – Capricornio – Tauro) o variando el elemento en cuestión. Si mantenemos el primer ejemplo, Plutón estaría en el signo opuesto a la ubicación de Venus, es decir, en Cáncer.

Ahora bien, en la interpretación de la astrología clásica, el cometa o abanico, y más allá de los planetas que lo conformen, denota una fructífera creatividad y un gran sentido del emprendimiento. Existe en la persona una capacidad innata para llevar a cabo de manera original sus proyectos, protegiéndose gracias al elemento del trino, en este caso, de tierra. Lo anterior quiere decir que la metodología con la cual actuará el individuo será práctica, aterrizada, lógica y racional (vinculado todo a dicho elemento). No obstante, el éxito es provocado o tensionado gracias a la oposición, ya que sería imposible alcanzarlo sin la presencia de problemas, ejemplificado en la dicotomía Capricornio (Venus) – Cáncer (Plutón), siendo Plutón el punto focal, planeta sumamente importante, porque es considerado el punto de aspiración, es decir, el lugar en donde se canalizan las ideas abstractas y elevadas, encumbrándose primero hacia la energía de los sextiles, luego a la del gran trino y finalmente materializándose en el punto opuesto, en el ápice de mayor elevación (Venus). Plutón, entonces, hace funcionar a esta cometa, tensionándola y otorgándole una base sólida para que esta pueda volar y luego, enraizarse en el punto donde materializará el éxito y permitirá la plenitud.

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Configuración planetaria en forma de cometa. Imagen de Lunar Living Astrology.

Siguiendo con la ficción del ejemplo, la energía plutoniana en Cáncer logra, quizás desde el hogar y las raíces, enhebrar una transformación y una metamorfosis que será activada y reactivada con la ayuda de las energías lunares y neptunianas (emocionalidad, afecto, ideales de trascendencia), alcanzando su cénit en la contemplación de la energía venusina en Capricornio, ordenada, práctica y planificada. Sería imposible emprender vuelo sin un problema ya que no habría altitud; es lo mismo que ocurre con la energía del gran trino sin un punto de inflexión: la energía se presentaría a modo de “escudo” pero sin la necesidad inminente de proyectarla o darla a conocer, como también es absurdo querer hacer volar a un cometa en forma de triángulo sin una tensión entre lo más alto y lo que permita mantener los pies sobre la tierra.

Claramente una de las mayores virtudes del estudio astral, en un nivel estético, y obviando tanto alarde interpretativo clásico, es la invitación a la observación contemplativa. Casi a modo de ejercicio espiritual, el primer acercamiento es mirar el objeto que puede formarse gracias a los aspectos y a las uniones entre planetas, asteroides y cúspides. Verificar que uno ve un cometa, evidentemente, puede relacionarse no sólo con las características aquí advertidas: es posible mirar el conjunto de la vida como una posibilidad de emprender vuelo para avanzar. Por ello es que la sugerencia es a observar y vislumbrar, entre tanta línea y color, algún objeto que aparezca en la configuración del cosmos en la carta astral.


[1] Un sistema, por qué no decirlo, algo egoísta y que no obedece a la realidad atiende al Zodíaco Tropical, popularizado en Occidente y utilizado para la lectura de la carta astral.

[2] Un elemento interesante para considerar cuando la interpretación de una carta natal se traduce en una conversación con el consultante es la propia visualización del cliente en su propia carta, alcanzando un análisis más significativo y particular.

[3] Se enfatiza en que aquello que sin duda es una “bendición planetaria y elemental” puede ser también una carencia en otro elemento. Por ejemplo, una carta que posea un gran trino de agua claramente estará blindada en la expresión de su emocionalidad, no obstante, si no existen planetas en el elemento aire —su opuesto— habría para entregarle lógica a alguna situación o acontecimiento. El ideal, siempre, es poder equilibrar.

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