Nota

Album amicorum nº20

por CECLI

ALBUM 2.png

A Patricia Reynoso, maestra en Ciencias Antropológicas de la UAM y amante de los perros, la conocimos en las Primeras Jornadas sobre Objetos y Cultura Material donde presentó su investigación en torno al cosplay o la caracterización de personajes de ficción a través del vestuario. Desde entonces nos ha sorprendido su interés por las prácticas sociales vinculadas a la cultura material y su inclinación por la memorabilia. Esta es su lista de afectos en forma de objetos y tesoros. Los invitamos a navegar y recorrer un espacio donde coinciden el pasado y el presente, el viaje y el arraigo, la familia y los amigos: sus recuerdos encarnados en pequeñas figuritas o en largos intercambios epistolares.

1. Rosa Prat y las ficciones que inspira

1- Rosa Prat y las ficciones que inspira

Lo que más me gusta de tener objetos usados es que siempre llevan huellas de las personas que los poseyeron antes. Incitan a pensar, por ejemplo, quién fue Rosa Prat y cómo fue que su copia de El Principito terminó en un puesto de Els Encants Vells en Barcelona y luego, en una repisa de mi casa en una pequeña ciudad mexicana. Hace muchos años comencé a coleccionar “principitos” en diferentes idiomas y este ejemplar, regalo de mi hermana, es sin duda alguna mi favorito. El nombre escrito con lápiz y la posterior dedicatoria que le acompaña me hace pensar que, a veces, los objetos no son parte de nuestras vidas sino nosotros de las de ellos.

2. La ID de Ernesto

2- ID de Ernesto

El amor de un perro es de los más puros e incondicionales que hay. Hace algunos meses yo necesitaba un amigo y él necesitaba un hogar. El tintineo de su plaquita cuando llego a casa me recuerda que soy responsable de alguien más además de mí misma y que vale la pena hacer la jornada laboral o trabajar hasta tarde en algún proyecto, pero que también es necesario tomarme las cosas con calma y ver la vida un poco más como él, disfrutar los pequeños placeres, los paseos, los juegos, un nuevo aroma o una buena siesta. Ahora somos un equipo y su bienestar depende del mío como el mío de él.

3. Obi-Wan Kenobi

3-Obi Wan Kenobi

Atravesaba por una etapa difícil cuando un amigo me regaló esta figurita. “Para que te cuide” me dijo, cual si me entregara una imagen religiosa. En el universo de Star Wars, Obi-Wan Kenobi si bien no es el Jedi más poderoso, en mi opinión sí es quien logra un mejor balance de La Fuerza–un campo de energía que crea, impregna, une y emana de todos los seres vivos. Este objeto se ha convertido en una especie de amuleto para mí porque representa la búsqueda de equilibrio y fuerza interior a la vez que es recordatorio de que somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.

4. Las postales de mi hermana

4- Postales de mi hermana

Quien tiene una hermana tiene una amiga para siempre. La mía vive muy lejos, en un país tan pequeño que a veces ni siquiera aparece en los mapas. Cuando vives en un país de sólo 468km2 casi cualquier viaje es un viaje al extranjero, y en cada uno de ellos me envía una postal. Cuando las recibo, procuro estudiarlas milimétricamente: la imagen, el papel, la tinta, la caligrafía, la estampilla, los sellos, los bordes gastados…Sé que se tomó el tiempo para elegir una tarjeta postal de entre muchas otras porque creyó que me gustaría más, encontró palabras para escribir un mensaje distinto cada vez, la envió desde ese mismo lugar y se aseguró de que llevara una linda estampilla con imágenes conmemorativas y no esas que sólo llevan un código de barras. Luego, esa tarjeta viajó miles de kilómetros hasta llegar a mí y por un instante me hizo sentirla más cerca. Sus viajes adornan mis paredes y la mantienen siempre presente, siempre acompañándome.

5. Zapatos de rubí

5- Zapatos de rubí

Siempre me han gustado los zapatos, pero los rojos son mis favoritos. Estos, además, brillan. Los compré para usarlos en mi examen de grado de maestría mucho antes de acabar siquiera la tesis. Durante ese desafiante periodo en el que, como muchos tesistas, sentía que el camino amarillo no llevaba a ningún lado y que la malvada bruja del oeste iba a ganar, me ponía esos zapatos y me sentaba a escribir tratando de darlo todo en cada línea y de disfrutar cada una de mis palabras como pasitos de baile que formarían una gran coreografía. Me gusta pensar que, como los de Dorothy, tienen poderes mágicos. Y cuando termino de escribir escucho una voz interior que afirma: you had the power all along, my dear.

6. Diarios de campo

6- Diarios de campo

En el trabajo antropológico no hay un objeto más icónico, contradictorio e íntimo que el diario de campo. En términos estrictos, es una herramienta más para la investigación y se pretende que el/la investigadora recaben en él observaciones objetivas y sistematizadas sobre los fenómenos estudiados. En la realidad, toda relación humana es contingente y los científicos sociales no nos podemos librar de ello, por muy objetivos que nos pretendamos. Mis diarios de campo me recuerdan eso: marcas de uso en las cubiertas, notas sueltas hechas entre plática y plática, caligrafía ilegible producto de la oscuridad de las salas de cine que etnografiaba, los dibujos de colores que hacía mientras me sentaba a pensar, tarjetas de presentación, volantes publicitarios, boletos de cine y un sinfín de chácharas que por alguna razón decidí guardar entre esas páginas… Volver a leer de vez en cuando esos diarios me inspira porque me doy cuenta de mi transformación como antropóloga, pero también porque me recuerda cuánto amo mi profesión y sus muchas contradicciones.

7. Pasaporte

7. Pasaporte

Cuando tengo el pasaporte en mi mano recuerdo los lugares que he visitado, sus olores, sus sabores y su gente, pero sobre todo recuerdo que hay tanto mundo que desconozco y me vienen unas ganas tremendas de viajar. Los pasaportes, como las personas, no son para quedarse guardados en un solo lugar.

8. Amuleto protector de casa

8-Amuleto protector de casa

Recién comenzaba la maestría cuando algunos compañeros fuimos a comer juntos después de clases para conocernos mejor. En la sobremesa platicábamos de películas de artes marciales, tema que no interesó casi a nadie, pero una chica llamada Rosario me miró directamente y me dijo “¿Te gusta Never back down?” En ese momento supe que había conocido a una persona que encontraba sentido en los mismos sinsentidos que yo. Ella bordó este cuadro para mí cuando me mudé de la Ciudad de México a Xalapa. Un objeto divertido que representa nuestra amistad y conmemora el inicio de una nueva etapa.

9. La saga (casi) completa de Rocky

9- La saga (casi) completa de Rocky

Rocky Balboa es, sin duda alguna, mi personaje favorito. Un personaje poco valorado dentro y fuera de la pantalla. Un aparentemente bueno para nada, marginado, tachado de idiota y burdo que, sin embargo, se entrega por completo en todo lo que hace tratando de demostrar que es mucho más que eso y termina descubriendo que la única y verdadera batalla es contra sí mismo. Rocky me enseñó que la vida no se trata de lo duro que puedes golpear, sino de cuántos golpes puedes aguantar y aun así seguir adelante, un paso a la vez, un golpe a la vez, un round a la vez.

10. El recetario de mi madre

10- El recetario de mi madre

A mi madre la educaron “a la antigua”. Desde niña tuvo claro que ella al crecer se casaría, tendría hijos y se dedicaría al hogar. Recién casada comenzó a recopilar recetas en este cuaderno y por muchos años lo guardó celosamente porque algunas de ellas eran muy difíciles de conseguir. A veces me dejaba hojearlo: mole poblano, pato a la naranja, asado de boda, pastel de nata, polvorones… La recuerdo en la cocina preparando pasteles que llenaban la casa con olor a chocolate y cómo el calor del horno hacía más gentil el invierno zacatecano. Alguna vez ella me dijo que lamentaba no poder hacerme regalos con dinero propio porque nunca trabajó. Yo le dije que ya me había hecho el mejor regalo de todos: me había dado todo su tiempo y sus cuidados. Eso ni todo el dinero lo compra.

Anuncios