Nota

Olinka: la historia de un fracaso

por Alfonso Fierro
Doctorado en Literaturas Hispánicas
Universidad de California, Berkeley

La historia de la Olinka, del Doctor Atl —seudónimo del escritor y pintor mexicano Gerardo Murillo Coronado— es la historia de un fracaso. Olinka pretendía ser una ciudad para artistas, intelectuales y científicos, un lugar donde todos ellos pudieran trabajar independiente y colectivamente, en un espacio desconectado de un mundo moderno que Atl veía con una gran ansiedad. Atl era un revolucionario desencantado, un paisajista bien conocido por esos cuadros de volcanes y sierras que expresan claramente la fuerza telúrica que él hallaba en la naturaleza, un crítico feroz de la modernización capitalista que México experimentó después de la Revolución, sobre todo durante los años cuarenta y cincuenta. Olinka es un producto directo de estos tiempos.

Es también el proyecto que ocupó a Atl durante la última década de su vida (1952-1964). Atl trabajó sin descanso, probablemente en vano, tratando de buscarle un sitio a su ciudad utópica: no pudo llevarse a cabo ni en Chiapas, Jalisco, la sierra Santa Catarina, Tepoztlán y, finalmente, tampoco en el Cerro de la Estrella. Atl nunca encontró el apoyo necesario para llevar a cabo su proyecto.

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Proyecto humano, frente, un planeta. Esténcil, col. privada. Reproducción en el archivo fotográfico del MUNAL, INBA.

Estos últimos días, he visitado su archivo personal, localizado al fondo del increíble edificio brutalista de la Biblioteca Nacional de México en Ciudad Universitaria, adentrándome en las notas, memos, esquemas, diagramas, cartas y cualquier otro documento en torno a Olinka. En este proceso ha sido imposible no preguntarse qué es lo que llevó a un hombre de ochenta y tantos años a dedicarle esa cantidad de energía al proyecto de construir una ciudad utópica. ¿Fue acaso la necesidad de dejar un último legado? ¿Fue parte del impulso posrevolucionario por construir y erigir? ¿Fue un berrinche de viejo, una obsesión? O tal vez una convicción inamovible, una de esas que ya no parecen existir más.

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Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México, fotografía del autor.

De acuerdo con la versión del propio Atl, la idea de Olinka se le ocurrió por primera vez en París en la primera década del siglo XX, cuando pertenecía al grupo vanguardista detrás de la publicación Action d’Art, pero no cristalizó sino hasta los años cincuenta en México. Crear la fuerza, un texto de 1952 escrito por Atl y publicado por el Consejo Nacional de la Cultura (que él mismo formó), es el manifiesto utópico clave para entender Olinka. Tanto en éste como en textos posteriores, Atl describe una ciudad que tendría edificios para las artes y las investigaciones científicas, vivienda, un teatro al aire libre, un museo arqueológico, un museo de arte moderno y un “Templo al Hombre” y un “Templo a la mujer”, centros simbólicos de la ciudad. La idea detrás del proyecto era crear un movimiento de tal fuerza que la modernidad utilitaria que tanto aborrecía pudiera ser superada por fin. Irónicamente, fracaso tras fracaso, Atl se volvió cada vez más pragmático. Los templos empiezan a desaparecer en los textos tardíos (sobre todo el de la mujer), las artes en general también e incluso el teatro al aire libre. Para cuando Atl intenta construir Olinka en el Cerro de la Estrella entre  1961  y 1962, ya sólo habla del museo arqueológico y del instituto para la exploración y “conquista” del universo extraterrestre, una disciplina que era para él la pieza fundamental de todo el proyecto.

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Boceto para el “Templo al hombre”, fotografía del autor.

Pero tal vez incluso esta idea era un fracaso. Parece ser que, cada vez que Atl intentaba hacer ciencia, lo que terminaba por hacer era algún tipo de ciencia ficción. Tal es el caso de sus reflexiones sobre la Atlántida que, según él, había existido como una ciudad prehispánica y que submarinos capaces de navegar las profundidades del mar sacarían a la luz en unos cuantos años, junto con muchas otras ciudades sumergidas. Y, en efecto, Olinka se asemeja mucho a su propia novela de ciencia ficción, Un hombre más allá del universo, de 1935, un viaje epistemológico al espacio exterior que es descrito como el reencuentro del hombre con las fuerzas cósmicas que mueven al universo entero. Una vez más, la idea era superar una modernidad caída y alienada, nada más que a través del conocimiento científico y el progreso material, es decir, a través de la modernidad misma. Esto explica por qué, en Olinka, Atl puso tal empeño en la posibilidad de viajar al espacio, llegándolo a considerar tanto el siguiente paso evolutivo para la humanidad como la resolución utópica de la alienación moderna que lo asfixiaba.

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Portada de Un hombre más allá del universo. México: Cultura, 1935

Varias personas expresaron apoyo a la ciudad utópica de Atl, incluyendo al expresidente Lázaro Cárdenas, pero el pintor nunca consiguió el apoyo oficial necesario para levantar un proyecto de tal envergadura. El archivo está lleno de cartas, memos, telegramas y documentos legales que dan fe de la insistencia incansable de Atl, pero también del silencio con el que ésta fue recibida.

En un país que justo por aquellos años estaba tan ocupado construyendo la enorme Ciudad Universitaria y el monumental museo arqueológico en Chapultepec, difícilmente sorprende que Olinka se haya hecho a un lado. Hoy, uno puede visitar tanto el Museo Nacional de Antropología como la Ciudad Universitaria de la UNAM, ambos sitios clave de la modernidad posrevolucionaria en México. Pero Olinka, que Atl se imaginaba construida sobre el cráter de uno de esos volcanes que tanto le gustaba pintar, ya sólo es accesible a través de los documentos conservados en dos cajas de plástico de su archivo personal.

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