Nota

Pequeña (y personal) historia de las muñecas de papel: especial de Navidad

por Loreto Casanueva
Magíster en Literatura
Universidad de Chile

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Muñeca de papel “Twiggy”, Whitman, 1967. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Ya no soy una niña, pero juego con muñecas. Las visto, las accesorizo, las peino. No son Barbies ni Blythe Dolls: son muñecas de papel. Tuve algunas cuando era muy pequeña. Probablemente, la primera me la regaló mi mamá, un día que tuve que quedarme en cama. La dejó debajo de mi almohada y, cuando desperté y la descubrí, me puse feliz. Solo necesitaba tijeras y algo de buen pulso para cortar los abrigos y los vestidos -¡con mucho cuidado de no mutilar las lengüetas!-, y vestir a unas niñas de cartulina que poco se parecían a las muñecas tridimensionales que teníamos mis amigas y yo. Pese a ser planas, estas muñequitas troqueladas me parecían más reales y más semejantes a mí, pero también es cierto que sus rostros tenían un fulgor que las hacía misteriosas y distantes. Ya adolescente, quise recuperar mi colección, hasta que advertí que se había perdido entre otras de esquelas y servilletas. Decidí empezar de nuevo, movida por la nostalgia de mi infancia y, especialmente, por una extraña nostalgia de épocas en las que no viví. Desde ese momento, cada vez que voy a una feria o mercado de antigüedades, busco muñecas de papel. Mis amigas y mi mamá multiplican las piezas de mi colección con muñecas tradicionales y otras autoadhesivas y magnéticas. Para cada cambio de estación, mi muñeca favorita, Twiggy, luce una tenida hermosa y apropiada.

Desde que existe el papel, el ser humano ha creado con él toda clase de juguetes, en especial, muñecos, hechos y coloreados a mano, luego impresos y seriados, bendecidos por la invención de la cromolitografía en 1837. Sin embargo, las muñecas de papel, con las características con que las conocemos hoy, con prendas y accesorios recortables y desmontables, a veces con un pequeño pedestal de cartón y generalmente con un nombre propio, datan del siglo XVIII parisino y no habrían nacido propiamente como juguetes, sino como figurines a pequeña escala de los diseños de los grandes sastres de moda, con el fin de mostrar a sus potenciales clientas cómo se veían puestos los vestidos. Por lo tanto, las muñecas recreaban mujeres adultas y aristócratas. Otro antecedente son los pantins, marionetas de papel también de origen francés, como esta de Arlequín, uno de los personajes de la Commedia dell’Arte.

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Pantin, mediados del siglo XIX, Boston Children Museum.

Históricamente, las muñecas, en todos sus formatos, han sido, por una parte, juguetes que permiten el desarrollo cognitivo y creativo de niños y niñas, pues los convierten en personajes de historias creadas por ellos y ellas  y, de manera secundaria, un modo de imprimir el sello y el sesgo de género a estos niños y niñas. Las mujeres debían procurar jugar con muñecas para prepararse para su futuro rol de madre, protectora y amorosa 1. Sin embargo, no es mi deseo hablar de los roles de género impuestos por los juguetes, sino más bien consignar una dimensión suya que se suma a esta y a la educativa. Como les contaba anteriormente, las muñecas de papel despuntan al alero de la moda, espejeando las tendencias vestimentarias de una época, y también aportando en la formación del buen gusto en el vestir, tanto para las niñas como para sus madres. En 1791, a pocos años del nacimiento de estas criaturas de cartón, el Journal des Luxus und der Moden, una de las primeras publicaciones de moda de la historia, anunciaba una muñeca de papel inglesa que contaba con una gran variedad de vestidos y sombreros, declarando que “es propiamente un juguete para niñitas, pero que . . . las mujeres adultas también quieren jugar con ellas, por lo que puede observarse su buen o mal gusto en el vestir y en el peinado que escogen [para las muñecas]” (ctd en Burley 13, la traducción es mía). Así, las muñequitas de papel brindaban la posibilidad de vestirlas y accesorizarlas a voluntad, combinando prendas y colores según contextos y, además, jugar con ellas, creando fantásticas historias y aventuras.

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Muñeca de papel de perfil, Alemania, 1790, Theriault’s.

Hoy, las muñecas de papel corren el riesgo que corre cualquier objeto hecho de papel: su progresivo deterioro. Sin embargo, cuando las encontramos, no solo son juguetes, sino también vivaces miradores desde los que podemos observar las modas de los siglos XVII, XVIII y XIX. La página web Collectors Weekly no pudo decirlo mejor: “posiblemente el más desechable de todos los juguetes, un set de muñecas de papel que sobrevive ofrece una gran ventana hacia la moda y la cultura de su tiempo” (la traducción es mía) 2. Cuando encontramos muñecas de papel antiguas en una tienda, en general las encontramos con dobleces, manchas, prendas menos y otros accidentes. Aunque, claro, ello no es del todo catastrófico: es así como reparamos en que una niña, en una ya lejana jornada, se divirtió de lo lindo con ellas.

Desde 1810, diversas compañías europeas iniciaron la comercialización de muñecos de papel con figuras de niñas y niños, como la marca inglesa S&J Fuller con “The History of Little Fanny”, un cuento moralizante que tenía por protagonista a Little Fanny, una chiquilla de buenos sentimientos, dueña de un nutrido armario de tenidas y sombreros preciosos. La tendencia fue exportada hacia Estados Unidos, donde destacó J. Belcher con “The History and Adventures of Little Henry”. Como puede apreciarse en las imágenes, las figuritas no tenían aletas plegables, por lo que los trajes se pegaban con gotitas de cera de abejas.

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“The History of Little Fanny” y “The History and Adventures of Little Henry”,               Inglaterra/Estados Unidos, 1810/1812, Theriault’s.

Pronto la industria de las muñecas de papel no solo crearía personajes infantiles como Little Fanny y Henry, sino también recrearía a celebridades de la época, como la viajera Nellie Bly y la Reina Victoria.

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Muñeca de papel de la Reina Victoria, Inglaterra, c.1900, Museum of Play.

Victoria, cuando aún era princesa, dedicaba su tiempo libre a escribir y decorar su scrapbook, un tipo de diario de vida de recortes y recuerdos muy común en la era victoriana (¡una era fascinada por el papel, los cromos, las tarjetas de saludo y los objetos sentimentales!), así como también a ilustrar y pintar muñecas de papel con su institutriz, la Baronesa Lehzen. Lady Maria, la cuarta muñeca de la imagen, fue una de sus creaciones.

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Muñecas de papel ilustradas por la Baronesa Lehzen y la Princesa Victoria, Inglaterra, c.1830, Royal Collection Trust.

Aunque pudiera parecer una pasatiempo de la realeza, durante los siglos XIX y XX, las muñecas de papel eran confeccionadas por princesas, doncellas y dueñas de casa. En 1856, la editorial neoyorkina Anson D. F. Randolph, publicó el libro Paper Dolls and How to Make Them, escrito por una anónima madre que invitaba a sus congéneres a hacer muñecas de papel en casa, para el divertimento de sus hijas y el suyo: el libro comienza con una dulce queja sobre su infancia, tiempo en que no existían esta clase de juguetes tan atractivos. Al año siguiente, y gracias a la popularidad de ese libro , la editorial lanzó Paper Dolls’ Furniture and How to Make It or How to Spend a Cheerful Rainy Day. Así, la confección de muñecos buscaba reunir a familias completas en torno a retazos de tela, encajes, cartulina y papel crepé, una materia prima que sería fundamental para investir de mayor verosimilitud al traje de las muñecas. Hacia 1890, la compañía estadounidense Dennison Manufacturing Co. innovó en el mercado gracias a la creación y venta de vestidos de papel crepé y tissue para muñecas, y de manuales para aprender a hacerlos en casa, con los papeles de más de cien colores que la misma empresa fabricaba. ¿El resultado? Una tierna muñeca de papel con ribetes tridimensionales, textura y algo de volumen.

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Muñeca con vestido de papel crepé, Dennison Manufacturing Co.,  Estados Unidos, 1920, National Trust Museum of Childhood.

En las primeras décadas del siglo XX, las familias podían crear muñecas con sus hijas, gracias a  publicaciones que enseñaban su confección, pero también podían recibirlas como regalos de algunas revistas. Es el caso de la tradicional Good Housekeeping (la revista en que Virginia Woolf escribió algunos ensayos sobre la vorágine de la vida londinense, en los locos años 20), a la que varias familias de clase media estaban suscritas, que incluía en sus números muñecas como Polly Pratt, ilustrada por Sheila Young. Cada mes Polly renovaba su guardarropa según la ocasión: Pascua de Resurrección, Halloween, un paseo al campo e, incluso, ¡una fiesta de muñecas!

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Polly Pratt y su muñeca, Revista Good Housekeeping, Inglaterra, Octubre 1919, The Paper Collector.

Otra revista destacada en la publicación de muñecas de papel fue McCall’s. Un gran hito acontece en mayo de 1951, de la mano de la ilustradora Kay Morrisey: la revista lanza la muñeca Betsy McCall, haciendo de su figura la portada del ejemplar de ese mes. Betsy, como Polly Pratt, va al colegio, asiste a muchas fiestas, emprende muchos viajes y tiene muchos amigos. Cuando ellos o los padres de Betsy son publicados en algún número de la revista, aparecen también en formato muñeca de papel, por lo que las niñas que las coleccionaban podían contar con decenas de muñecos.  Las niñas que jugaban con Betsy y se deleitaban con la belleza y el colorido de sus prendas y accesorios, siempre a la moda, podían pedirle a sus madres que las vistieran como ella, ¡pues la revista incluía moldes para replicar los trajes! Claro, Betsy se alzaba como un lindo juguete que toda niña estadounidense quería tener, pero también como una jugada astuta de McCall’s, compañía que tradicionalmente vendía patrones de ropa y que podía publicitar, a bajísimo costo, sus productos a través de ella.

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Portada de la revista McCall’s, mayo de 1951, presentando a la muñeca de papel Betsy McCall.

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Betsy McCall y su mamá, Revista McCall’s, Estados Unidos, diciembre de 1952.

Entre los años 30 y 60, la llamada “Era de oro de las paper dolls“- nacida tras la Gran Depresión de 1929, que hizo de estos juguetes una alternativa económica de entretención-, las muñecas de papel no solo recreaban a las niñas de la época, a través de Polly o Betsy, sino también a los soldados de las guerras mundiales, convirtiéndose en juguetes favoritos de los niños, a personajes de las películas de Disney, como Blanca Nieves, y a íconos del cine y del glamour, como Chaplin, Shirley Temple, Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor. A través del juego, las niñas y adolescentes intruseaban ilusoriamente en los roperos y tocadores de sus estrellas de cine, y manipulaban las réplicas en cartulina de sus lujosos y maravillosos trajes.

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Trajes y muñeca de papel de Elizabeth Taylor, Whitman, 1957.

Si de fantasías se trata, la fiebre por Elvis Presley despertó en las jóvenes el deseo por vestir (¿y desvestir?) virtualmente al guapísimo cantante. El deseo se cumple al menos con este muñeco de papel, ya no ilustrado, como era la constante de los juguetes anteriores, sino fotografiado en una enigmática pose, dipuesto para ser engalanado con trajes para distintas actividades.

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Muñeco de papel de Elvis Presley, Pageant Magazine, 1957, Collectors Weekly.

Twiggy, la primera supermodelo, fue una celebridad de los años 60. Se vendieron pestañas falsas como las suyas, loncheras con su retrato y muñecas de papel, lanzadas en 1967 por la editorial estadounidense Whitman. Twiggy venía en una colorida carpeta con fotografías, con un armario colmado de prendas perfectas para todas las estaciones, con una variedad increíble de sombreros, zapatos, carteras, un teddy bear e, incluso, una coqueta trenza.

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Muñeca de papel “Twiggy”, Whitman1967. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Sobre las muñecas de papel en el Chile de esos años poco o nada se ha registrado. Mi mamá y mi tía materna, quienes compraban muñequitas en librerías, bazares y kioskos, me contaron que las adquirían periódica y fervorosamente en diversos formatos: pliegos, láminas o cuadernos, con imanes para la sujeción, incorporadas en revistas, etcétera. Jugar con ellas era uno de los grandes pasatiempos de la época, al son de las canciones de moda que rodaban en los tocadiscos. Algunas niñas no se conformaban con el ajuar que las muñecas traían, así que dibujaban y coloreaban nuevas prendas para ella. Sé de muchas diseñadoras de vestuario que decidieron seguir esa carrera inspiradas por su hobbie infantil. “Mi Muñequita”, de la marca de plásticos Reicolite,  debe datar de la década de los 50 y, según lo que he podido averiguar, fue creada en Chile.

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“Mi Muñequita”, Reicolite,  ¿Chile?, c. 1950. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Gran parte de las muñecas de papel con las que jugaban las niñas chilenas provenían del extranjero, especialmente, de España, como las de la Editorial Roma, que lanzó muchísimas colecciones entre los años 60 y 70. Mi favorita es la colección “Astro” de 1963, ilustrada por la maravillosa ilustradora catalana Francisca Gallarda Garós (cuyas elegantes criaturas sesenteras de ojos grandes, estoy segura, muchos de ustedes conocen).

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Muñeca de papel de la colección “Astro”, lámina 27, Editorial Roma, 1963.

Recuerdo que las primeras muñequitas de papel que adquirí para mi colección de adulta fueron unas también catalanas, ilustradas por Manuel Jiménez Arnalot, que datan de 1974. Dos muñecas venían en un pequeño cuaderno, con más de diez tenidas para todas las ocasiones, climas y ocupaciones imaginables. ¡Una de las tenidas traía una mítica foto de John Lennon, que la muñeca colgaría en su casa!

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Muñecas de papel “Colección Modelito”, n° 24, Arnalot Editor, 1974. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Como les contaba hace un momento, moda y muñecas de papel han crecido juntas. El ilustrador estadounidense Tom Tierney dedicó gran parte de su vida, desde los años 70, a crear muñecas de papel que lucen vestidos de alta costura, por ejemplo, de Coco Chanel, Madeleine Vionnet, Mariano Fortuny, Paul Poiret y la inigualable Elsa Schiaparelli.

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“Chanel Fashion Review”, de Tom Tierney, lámina 1 (diseños de Cocteau y Chanel), Dover Publications, 1986. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

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“Art Déco Fashions”, de Tom Tierney, lámina 15 (diseño de Schiaparelli, a partir de ilustración de Cocteau), Dover Publications, 2005. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Recuperando la antigua modalidad de presentación de diseños en formato muñeca de papel, la maison Louis Vuitton creó, junto a la estilista Kim Hersov y la ilustradora Kerrie Hess, una serie de recortables con figurines y prendas de la colección prêt-à-porter primavera-verano 2013… ¡La pasarela se trasladaba a la casa!

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Muñecas de papel Louis Vuitton, 2013, Vogue.

Una mención especial merecen las muñecas de papel que recrean los trajes típicos de diversas naciones y pueblos, como la colección Friends Around the World, de Ruth y  Bill Morehead, que data de fines de la década de los 80.

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Traje de muñeca de papel de Japón, Colección “Friends around the World”, c. 1985-1990.

Otro lindo ejemplar inspirado en la cultura japonesa es Aiko, ilustrada por Yuko Green. La novedad de esta muñequita de papel es que su indumentaria, esencial para asistir a festivales y matrimonios de su natal Japón,  es autoadhesiva, 3.

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“Aiko from Japan”,  de Yuko Green, Dover Publications1997. Colección de Loreto Casanueva. Fotografía de Gonzalo G. Galleguillos.

Pensé, por último, en hablarles de algunas plataformas digitales que durante la primera década del siglo XXI crearon muñecas a las que podíamos vestir con trajes tan preciosos que nos hacían soñar, como la desaparecida página web japonesa Poupée Girl. Pero están muñecas ya no estaban hechas de papel, sino que eran virtuales, por lo que sus características distan bastante de las que hemos revisado panorámicamente aquí.

Esta es una historia que se seguirá escribiendo. La bibliografía sobre las muñecas de papel es limitada y existe un bajo número de publicaciones que se ocupe de sistematizar seriamente su historia alrededor del mundo. Hace poco más de un mes, la editorial española Diábolo Ediciones lanzó el libro “Vestidas de papel. Un recorrido nostálgico por las muñecas recortables de nuestra niñez”, de los autores Núria Simón y Guillem Medina. El libro ya viene en camino hacia mi buzón, y merecerá sin duda una reseña.

De tela, crepé o cartulina, juguetes y jugadas publicitarias, fuentes de historias y fantasías, espejos en miniatura de los hábitos vestimentarios de una época y de un territorio, pequeñas obras de arte -a veces, de ilustradores ánonimos- y sencillos pero invaluables objetos de colección, las muñecas de papel prometen sobrevivir a este siglo que sobrevalora el touch y desprecia el tocar y jugar con las manos y la imaginación. Y prometen hacer sobrevivir, con su belleza y candidez, a la niña o el niño que llevamos dentro.

Bibliografía

“American Paper Dolls”. Victoriana Magazine. http://www.victoriana.com/paperdolls/paperdolls.htm

Burley, Nicki. “The Best Dressed Doll”. United Federation of Dolls Clubs Inc. ‹http://ufdc.org/wp-content/uploads/2014/01/pd-craft-sum14.pdf

Oatman-Stanford, Hunter.From Little Fanny to Fluffy Ruffles: The Scrappy History of Paper Dolls”. Collectors Weekly.  15 Jul. 2013. ‹http://www.collectorsweekly.com/articles/the-scrappy-history-of-paper-dolls/›

Paper Dolls and How to Make Them. New York: Anson D.F. Randolph, 1856. ‹http://www.antiquepatternlibrary.org/pub/PDF/C-HW007Randolph.pdf›

“Vintage Paper Dolls”. Collectors Weekly. ‹http://www.collectorsweekly.com/dolls/paper-dolls›


1. No puedo dejar de recordar el cuento “Un árbol de Noel y una boda” de Fiodor Dostoievski, en el que el perverso Yulián Mastakóvich le revela a una pequeña niña, que será su esposa en unos cuantos años, que la muñeca que le han regalado esa navidad es para que “sea buena y cariñosa”.

2. “Vintage Paper Dolls”. Collectors Weekly. 17 dic. 2015 ‹http://www.collectorsweekly.com/dolls/paper-dolls›

3. La cultura japonesa cuenta con una rica tradición de juguetes vinculados a festividades y momentos de la vida de los niños y las niñas, como las shikishi ningyô o muñecas de papel. Estas no se visten, sino que están confeccionadas con este material.

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