Nota

Gabinete de curiosidades n°8

por Francisco Castillo Cristi
Licenciado en Diseño
Universidad Mayor

Ocultamiento, simbolismo y entretención son solo algunos de los conceptos necesarios para describir un objeto conocido por todos y presente en innumerables culturas: la máscara. Este gabinete pretende develar la historia que hay detrás de algunas de las más curiosas máscaras en el marco del Carnaval de Venecia, en particular el caso de una con un oscuro pasado.

La máscara es una “figura que representa un rostro humano, de animal o puramente imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocida, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades escénicas o rituales”[1]. Desde la Antigüedad, egipcios, griegos y romanos hicieron uso de este instrumento de metamorfosis para ritos sagrados y el desarrollo de artes escénicas, legado que prevalecería más tarde en Occidente, por ejemplo, en la Commedia dell’Arte del siglo XVI. En Oriente, el uso de la máscara se remonta a dinastías legendarias. De igual manera, diversas culturas tribales de África, Oceanía y la Polinesia poseen una nutrida cultura en torno a ella.

Máscara de Tragedia hecha en terracota. Roma, siglos II-I a.C..

En Occidente, el Carnaval de Venecia reúne la variedad de máscaras más popular del mundo, constituyéndose como el cénit cultural en torno a este objeto. Su historia se remonta al siglo XIII, bajo un edicto en el que el Senado de la Serenissima Repubblica di San Marco, o República de Venecia, declaró festivo el día anterior al inicio de la Cuaresma. La máscara se transformó, de esta forma, en un instrumento efímero de cohesión social, pues por medio del ocultamiento, permitía a los ciudadanos de Venecia festejar en igualdad de condiciones [2].

La diversidad de máscaras que hoy conocemos, es producto de una tradición enriquecida con el correr de los siglos. Cada máscara posee profundos significados, una historia que contar acerca de quién la ocupó y es en sí misma evidencia de los valores socioculturales de los ciudadanos de Venecia. Así, es posible distinguir algunas provenientes de la Commedia dell’Arte, una variante teatral que surge en el Renacimiento italiano, de carácter popular y que introduce elementos carnavalescos, como el uso de la máscaras, convirtiéndose así sus personajes en arquetipos. Destacarán máscaras de célebres personajes como la del Arlecchino o Arlequín,  Brighella, Colombina, Scaramouche, Il Dottore, entre otros. Sin embargo, no todas las máscaras provienen de la Comedia del Arte, otras máscaras tendrán que ver con costumbres propias de la República. Destaca entre ellas, por su singularidad, la moretta: una máscara usada en el Cinquecento por las mujeres patricias de Venencia. Oval, aterciopelada y generalmente negra, la característica central de esta máscara no reside en su color o morfología, sino en la intención de silenciar a su poseedora, pues carecía de un orificio para la boca o de forma alguna que sugiriera la presencia de una. Un botón en la cara interior debía ser mordido por su ocupante para sostener la máscara, pues tampoco poseía lazos que permitieran que fuese amarrada a la cabeza, impidiéndole así el habla. Una máscara única con una doble función de ocultamiento, en términos visuales y sonoros,  que hacía irreconocible a las mujeres[3].

Felice Boscarati, La moretta, c. 1780. Oleo sobre tela.

El pasado de la moretta, en nuestros días, bien podría ser considerado como oscuro, dadas las implicancias sociales y de género que conllevaba su uso, pues el hombre generalmente conminaba a la mujer a portarla[4]. Sin embargo, este gabinete pretender exhibir una máscara que supera al resto en singularidad, incluida a la moretta. Una ampliamente conocida en términos de forma, pero cuya historia es desconocida por muchos. Se trata de la máscara del Dottore della Peste.

La máscara del Médico de la Peste, como se le conoce en español, es parte del atuendo de un tipo de doctor que surgió durante la Peste Negra- enfermedad que provocó gran mortandad en Europa a mediados del siglo XIV-, compuesto por un abrigo largo, botas y sombrero. La máscara, cuya particular forma sería recordada hasta nuestros días, posee rasgos antropomorfos, un pico grande y prominente en lugar de nariz, y vidrios en los orificios correspondientes a los ojos. Esta máscara, a diferencia de otras, como la moretta o las de la Comedia del arte, no respondía a fines de ocultamiento, sino a una necesidad de protección sanitaria, lo que explicaría sus rasgos, puesto que la nariz de la máscara, en forma de pico, era llenado con hierbas y paja para filtrar el aire que respiraba su ocupante, lo que podría considerarse una versión arcaica de la máscaras de gas que el mundo conocería durante el siglo XX en el transcurso de las guerras. Los médicos de la peste creían que las hierbas tenían el poder de purificar el aire pestilente que circulaba en las ciudades durante la plaga, protegiéndolos de la misma. Es preciso entender que en estos tiempos se pensaba que el contagio de la Peste Negra se producía por el aire, creencia que quedaría derribada al tiempo que se descubriera que las pulgas de las ratas eran el principal factor de transmisión de la peste bubónica.  De esta manera, la máscara con forma de pico de ave no servía más que para enfrentar, como describiría Bocaccio, “el aire impregnado todo del hedor de los cuerpos muertos y cargado y hediondo por la enfermedad y las medicinas”[5].

Paul Fürst, Der Doctor Schnabel von Rom, 1656. Grabado.

La figura del Médico de la Peste, hoy utilizada como recurso visual de lo tenebroso y oscuro, representaba en tiempos de peste, Medievo y Renacimiento, una figura de auxilio y esperanza, como relata Carlo M. Cipolla en A Plague Doctor: encontrar un médico que no hubiese huido de la plaga y con disposición para atender a los enfermos era algo en extremo difícil, pues esta tarea sentenciaba a muerte a quien la realizase, y peor aún, temían que el mismo doctor se transformara en un portador de la contagiosa epidemia. Así entonces, el Dottore della Peste, era un médico o cirujano contratado por una ciudad o pueblo para tratar a los enfermos, es decir, un médico comunitario que percibía altos dividendos por su labor. Ciertos documentos dan cuenta de ello, un borrador fechado en 1479, del Archivo Comunal de Pavía en Lombardía, expresa las condiciones impuestas por un tal Dr. Giovanni de Ventura y las negociaciones realizadas por la Comunidad. Distintas cláusulas describen aspectos como el salario mensual, adelantos y un adecuado hospedaje[6]. Cipolla también sugiere que, por lo general, estos doctores eran extranjeros, muchas veces considerados de segunda categoría o aprendices.

Máscara de peste, siglo XVII. Deutsches Medizinhistorisches Museum Ingolstadt.

La figura de Médico de la Peste tomó tal relevancia en las comunidades y ciudades de Europa, en particular de Italia, que no es raro ver su característica máscara en medio del Carnaval de Venecia. El Dottore della Peste se había convertido en un personaje digno de recordar, tal como lo fuesen los arquetipos provenientes de la Comedia de Arte. Hoy, aquella máscara deambula por los estrechos canales de la ciudad sobre el agua, infiltrada en la alegría del carnaval como una sobreviviente más de la pandemia más devastadora de la humanidad.

Máscara del Doctor de la Peste, siglo XX. Venecia.

Máscaras del Carnaval de Venecia, 2015. Fotografía de The Telegraph.


[1] RAE 23° ed.

[2] RUEDA, Juan Francisco. Moretta. Máscara, mordaza, bozal. Resistencias y Transigencias para un esbozo de identidad.  Disponible en: http://www.noeliagarciabandera.com/05.pdf

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] BOCACCIO,  Giovanni. Cuentos del Decamerón. Buenos Aires: Hypamerica Ediciones Orbis, 1982, . 22.

[6] CIPOLLA, M. Carlo. “A Plague Doctor”. En: The Medieval City, ed. Harry A. Miskimin, David Herlihy, A. L. Udovitch. New Haven: Yale University Press, 1977, 65-72.

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