Nota

Gabinete de curiosidades nº6

por Francisco Castillo Cristi
Licenciado en Diseño
Universidad Mayor

Un extraño objeto concebido con sencillos materiales; madera y bronce, o simplemente latón. De evidente fabricación industrializada y sin muchas pretensiones estéticas, pero sí de enorme utilidad en el diario vivir de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX que hoy, sin embargo, se encuentra perdido en el olvido y totalmente ausente del imaginario colectivo.

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¿Qué es este objeto? ¿para qué servía? Para responder estas preguntas, y saciar así nuestra curiosidad, será preciso que analicemos los factores que envuelven a este extraño objeto. Dijimos ya que era un objeto utilitario y de uso cotidiano. Seguramente su utilidad fue víctima de la obsolescencia propia de los avances tecnológicos que durante ese periodo empezaban, paulatinamente, a cambiar la vida de millones de personas. Su tamaño, forma y materiales nos darán pistas también para descubrir su secreto. Mide alrededor de 60 centímetros y es de forma tubular, su extremo inferior es de madera torneada, el que bien podría ser un mango, ya que resulta lo suficientemente ergonómico para ser sujeto por la mano. Del cuerpo de madera surgen dos tubos pegados uno al otro, huecos en su interior y de metal, uno de ellos es recto y está coronado por una pieza del mismo metal de forma oval pero vacía en su interior, rematado en su parte superior por dos círculos unidos con el número de serie grabado en ellos. El otro tubo asciende casi hasta el remate del tubo recién descrito pero éste es diferente puesto que abruptamente se curva, generando una especie de boquilla.

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Lo cierto es que estas piezas son claves para descubrir su función. El primero es el mango de madera; bien sabemos que este noble material posee baja transferencia térmica, es decir, que demora largo rato en calentarse, no como el metal. Podemos suponer entonces que nuestro curioso objeto estaba expuesto al calor. La siguiente pieza es el tubo de remate curvo, ¿por qué es hueco?, ¿por qué tiene esa forma?, ¿habrá contenido algo?, ¿habrá servido para dosificar algo en particular? Y, finalmente, la última pieza, esclarece todas las interrogantes y los supuestos elaborados en torno a este objeto que lleva sin uso a lo menos diez décadas. El remate del tubo recto no es simplemente un detalle decorativo o un soporte para el número de serie o su marca, sino que es el complemento de calce de otra pieza perteneciente a un objeto tan común como diverso en formas, estilos y calidad material o artística. Hablamos, en efecto, de la lámpara. La pieza descrita calzaba a la perfección con la llave de paso estándar de gas de las lámparas que funcionaban por este medio, pues sabrán que durante el periodo comentado, antes de que las casas y calles tuvieran iluminación eléctrica, era el gas de tubería el encargado de alumbrar por medio de la luminiscencia de su combustión.

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De esta forma nuestro desconocido objeto era, en palabras simples, un mechero. Su tamaño era útil para alcanzar las altas lámparas colgantes y de pared de la época. El remate superior, como se ha mencionado, permitía abrir y cerrar el flujo de gas girando la llave de paso que cada lámpara tenía. El tubo curvo, por su parte, alojaba una mecha humedecida en parafina o alcohol, la que se encendía con fuego para así prender cada una de las tulipas de cristal que poseían las lámparas. También existían dispositivos similares, pero de mayor tamaño para encender los faroles del alumbrado público de las ciudades, que también funcionaban a gas.

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La llegada de la energía eléctrica a los hogares desplazó el uso del mechero, puesto que rápidamente se convirtieron las antiguas lámparas de gas a la electricidad, abandonando así ese efectivo pero altamente riesgoso sistema.

El mechero, por ser un objeto de uso cotidiano y de poco valor artístico y material, no generó interés alguno para su conservación o colección, de esta forma hoy son tan escasos y difíciles de encontrar que pueden pasar fácilmente por chatarra. Si algún día estando en un mercadillo persa o de las pulgas tiene la suerte de encontrar uno, intente rescatarlo, pues de alguna forma ayudó a que bisabuelos y tatarabuelos (según sea su generación) abandonaran las penumbras de las velas y avanzaran a las vísperas del desarrollo del siglo XX.

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