Nota

Por una vereda pública, gratuita y de calidad

por Francisco Vergara Perucich
Arquitecto

Si usted vive en la ciudad de seguro conoce la vereda, esa amiga entrañable que se regocija cada vez que la pisamos y que es testigo de muchos de los acontecimientos más importantes de nuestras vidas: cuántos primeros pasos, cuántos primeros besos, cuántos ataúdes ha visto pasar, cuántos secretos ha escuchado, cuántos tropiezos que hemos querido silenciar.  Es la vereda el elemento urbano que define la calidad de la ciudad en la que usted se encuentra parado. O bien, es la calidad de la vereda la que indica cuánto valoran los habitantes a sus ciudades. O cuánto valoran las ciudades a sus habitantes.

La vereda es el espacio primordial de una sociedad urbanizada, puesto que es en ella donde fundamentalmente se desarrolla el encuentro social. Es aquel lugar de la ciudad donde todos tenemos el libre derecho de paso, donde los árboles nos pertenecen a todos, donde dialogan con nosotros desde la señalética hasta los anuncios comerciales. La vereda es el espacio público más dinámico y activo de una ciudad, pero no siempre el mejor desarrollado.

¿Ha salido a observar su vereda?

Es un interesante ejercicio. Usted puede aprender mucho de la calidad del lugar donde vive o bien, de cuanto cariño tienen sus autoridades por usted. A continuación le presento algunos ejemplos de veredas que me ha tocado visitar recientemente y que son dignos de destacar.

París

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Los famosos Campos Elíseos. ©Francisco Vergara

París es la ciudad de las veredas por excelencia, donde el ancho y el orden de sus elementos hacen que caminar por ella sea un verdadero acto lujoso al alcance de todos. Esto no ocurre únicamente en sus áreas centrales, sino también hacia algunos sectores periféricos. La vereda parisina posee una materialidad del pavimento que es generalmente de una textura neutral pero destacada, tiene faroles en perfecto orden y ornamento, señaléticas sin exagerar y privilegia la continuidad del volumen de espacio vacío para que el peatón sienta que este espacio público le pertenece. Sobre el impositivo y déspota método que se utilizó en 1867 para dar forma a esta ciudad no se hablará ahora, así que Haussmann puede descansar tranquilo en Père Lachaise.

Dublin

La "Alameda Irlandesa": Calle O'Conell en Dublin. ©Francisco Vergara.

La “Alameda Irlandesa”: Calle O’Conell en Dublin. ©Francisco Vergara.

Dublin es una de esas ciudades que sorprenden y envuelven al visitante, tal como lo planteó James Joyce al decir que cuando muera Dublin seguiría escribiendo en su corazón. Ante la ligereza de los trazos del diseño de su espacio urbano y la humildad de sus espacios (no por ello menos dignos) se gesta una vereda con grandes cualidades donde el peatón puede caminar tan errante como quiera. Es una ciudad bella y simple, lo cual está claramente plasmado en sus veredas, en su mayoría amplias y lisas, simples y sobrias, tal como se puede observar en la imagen. Caminar por Dublin es ideal para borrachos y cojos, que difícilmente se tropezarán con algo mal hecho.

Bangkok

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Mercadito cerca de Ramkhamhaeng Road de Bangkok. ©Francisco Vergara

La capital de Tailandia es un ejemplo del choque entre una idea de ciudad occidental y la ciudad para la cultura oriental. La morfología de las veredas en Bangkok es muy similar a las de Santiago o de gran parte de las capitales regionales en Chile, en dimensión, materialidad, forma y volumen de aire que entregan a sus usuarios. No obstante, el comercio ambulante es parte de la cultura de los tailandeses, por lo que la vereda no se comprende solamente como un espacio de tránsito peatonal, sino que se constituye principalmente como una oportunidad de intercambio de mercancías y de producción monetaria. De esta manera, caminar por Bangkok no solo es lento y caluroso (34ºC con alta humedad, si usted tiene suerte), sino también resulta rentable para los miles de vendedores (hawkers) que ofrecen desde frazadas hasta escorpiones fritos. La vereda, en este caso, es parte fundamental del producto interno bruto del país (2.000.000 de personas perciben sus ingresos del comercio informal)

Londres

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Distrito de Westminster en Londres. ©Francisco Vergara

Como en muchos lugares, la calidad de la vereda en Londres dependerá del barrio donde usted se encuentre. Pero, en términos generales y siguiendo con los análisis antes expuestos, si usted evalúa las veredas de sus barrios centrales (City, Westminster, Bloomsbury) podrá encontrar un alto estándar de calidad en los materiales y en la llanura de las terminaciones, junto a una amplitud de veredas que le permitirá caminar tranquilamente con su pareja de la mano sin chocar a nadie, o bien sin estrellarse contra postes de señalética. Caminar por el centro de Londres es un gusto. Agréguele un poco de sol y estará frente a una ciudad encantadora, que le acompañará con la suave brisa que según William Yeats, se producen por las almas perdidas que caminan por sus calles.

Barcelona

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Carrier Nou de la Rambla en distrito Ciutat Vella de Barcelona. ©Javiera Lorenzini

Imagínese una gran plaza, la plaza que mas le guste. Ahora, multiplique esta plaza en su tamaño y ponga bellas obras de arquitectura entremedio y tendrá una idea de lo que es Barcelona. Esta ciudad es un espacio público de gran calidad, continuo y con edificios notables erigidos sobre él. La calidad de sus veredas genera sensaciones positivas debido a la utilización de materiales que evocan una condición histórica, como el peso de un pasado glorioso, lo que resulta muy interesante. Además, estas veredas se encuentran bien preservadas y en general limpias. Agréguele usted un clima mediterráneo ideal para salir a caminar y perderse yendo de tapas, que por supuesto usted se puede comer en una simple mesita sobre la vereda. La ciudad de Barcelona y sus veredas son todo un tópico de análisis, principalmente porque se han quedado chicas ante la gran cantidad de turistas interesados en conocer este modelo ejemplar para ciudades medianas. Dan ganas de que Talca o La Serena siguiesen algunos de los patrones que presenta Barcelona (adaptándolos a la cultura local obviamente)

Santiago

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Casa de los Diez en Santiago Centro, casi sin vereda que sirva a su fachada principal.

En una reciente visita a Santiago, pude recordar lo escalofriante que resulta para un diseñador urbano darse cuenta de que en nuestras ciudades las veredas están ante una amenazada de extinción evidente. El desarrollo inmobiliario y la auto-motorización de la ciudad han hecho que la buena vereda se transforme en un bien público escaso. Ya sea que los edificios se comen la vereda o que el flujo automotriz le expropia su ancho, la vereda podría caer en una crisis con consecuencias irreversibles para nuestra calidad de vida. Quizás es un buen momento para organizarnos con el motivo de hacer valer nuestro derecho a una vereda pública, gratuita y de calidad para todos.

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